El urbanismo es una herramienta fundamental para el desarrollo y regeneración de las ciudades. Se trata de un proceso lento, puede durara años e incluso decenios. Se comienza con un plan general de ordenación a gran escala y más tarde, a una escala menor, se desarrollan sectores en los llamados planes parciales. Todo plan parcial está obligado, entre otras muchas cosas a incluir dentro del sector al que influya una plaza. Las plazas desde épocas muy remotas han sido el elemento característico de todas las ciudades. Arquitectos, urbanistas y antropólogos entre otros siempre han defendido este espacio como lugar de encuentro, y de interacción entre los ciudadanos. No quiero que nadie piense que emprendo una cruzada en contra de los ya famosos “indignados” de la plaza de la puerta del sol. Pero mi indignación también tiene límites y no puedo entender que el espacio público se privatice y se colonice por cualquiera, y es que esto está pasando ha día de hoy en Madrid, Los acampados han levantado numerosos puestos, léase toldos con cuatro palos. Reservando la entrada en algunos de ellos solo a personal acreditado, otro acto surrealista que no puedo resistirme a denunciar. El derecho a la ciudad en fundamenta en cualquier sociedad, y lo que hoy describo es una violación de los derechos de los ciudadanos.
Cuanto más trato de entender este movimiento surgido a partir del 15 de Mayo, menos lo entiendo. Creo que con el transcurso de los días ha ido degenerando y adulterándose, sin entrar en debates de si está o no politizado, hoy solo me mueve la ética cívica. La idea de un movimiento de personas de bien indignada por la precariedad de sus vidas ha desaparecido completamente. Y si alguien viene ahora apelando al articulo 21 de la constitución sobre derecho a la reunión pacifica, aparte de no haber entendido este texto, es que no ha leído dichos artículos.
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