En el día después de unas elecciones con todos los datos a nuestro alcance las posibilidades de analizar y reflexionar sobre lo acaecido son óptimas. La jornada de ayer transcurrió con “normalidad”. Creo que no había que ser ningún oráculo para vaticinar la rotunda victoria que el Partido Popular iba a cosechar gracias sin duda a la pésima gestión de los del PSOE (y no por meritos propios, no vamos a engañarnos) y es que este sistema bipartidista castiga al malo en beneficio del menos malo. Pero esto ya lo sabíamos. Lo verdaderamente lamentable del asunto es ver como los cómplices de los asesinos de ETA, los de Bildu se hacen con el poder en 88 consistorios y que eso ha sido así, y no de otro modo por el inestimable apoyo de sus votantes, aproximadamente un 25,5 por ciento de los votos, unas 313.231 papeletas que se depositaron en las urnas apoyando a los asesinos. Lo que hablando de “pasta” se traduce en unos 17 millones en subvenciones electorales. Ante semejantes hechos a mi me entra una mezcla de ira y vergüenza que reconozco no saber cómo canalizar, Las propias víctimas y familias de las víctimas de atentados de los terroristas junto al resto de los ciudadanos del país estarán subvencionando a través de sus impuestos a esos que han empuñado las armas durante tantos años, que cuando más nos contaban que estaban a punto de desaparecer van a tener la posibilidad de usar nuestro dinero para rearmarse.
Es PSOE ha recibido en las urnas un importante varapalo, pero a mi modo de verlo insuficiente, yo soy de los que opinan que todos los partidos políticos están condenados a desaparecer, ya le paso al CDS, y le debería pasar ahora al PSOE aunque parece que ha sabido ganarse un electorado fiel que no ve más allá de la papeleta de la rosa y el puño.
Al final más de seis millones de votantes apoyaron a los socialistas y más de trescientos mil a Bildu, una persona un voto, y yo me pregunto ¿el voto de todos debería valer igual?

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